Bueno, por algún lado hay que empezar a escribir esta historia y me parece correcto empezar por el principio. ¿A ti no?. Posiblemente te des cuenta a lo largo de esta entrada de que la persona que lo ha escrito no está muy familiarizada con el mundo de los blogs ni mucho menos con su escritura. Pero bueno, por algún lado hay que empezar…

El comienzo de cualquier tipo de viaje siempre es complicado, y más si es en moto. La cantidad de papeleo y preparación previa hace que el viaje comience mucho antes de recorrer el primer kilometro encima de tu moto. Durante esos primeros trámites, es posible que llegues a un punto en el que necesitas moverte por mar para alcanzar tu destino. Es en ese preciso momento en el que te tienes que plantear la posibilidad de coger un ferry que os lleve tanto a ti como a tu vehículo al destino seleccionado para empezar o continuar el viaje.

En esta entrada os voy a contar mi única (por el momento) experiencia utilizando un Ferry para desplazarme desde Santander (España) hasta Plymouth (Inglaterra) donde daría comienzo a este pequeño viaje de unos 17 días.

El primer paso es tener claras las fechas donde quieres hacer el trayecto, y ser conscientes de que los viajes en barco pueden sufrir retrasos debidos a las condiciones meteorológicas y causas logísticas. Una vez seleccionado el rango de fechas o la fecha para realizar el trayecto, puedes recurrir a páginas especializadas para comparar diversas compañías de Ferry y elegir la que más se adecúe a tu viaje. En mi caso creo que mi trayecto solo lo cubría la compañía de Brittany Ferries así que no había mucho margen de maniobra. Otra de las decisiones que tienes que tomar es si reservar o no camarote. En el trayecto que hice yo, al tener que pernoctar, es obligatorio seleccionar una opción para pasar la noche, y aquí tienes dos opciones generalmente: La butaca o el camarote. Generalmente el precio del camarote en comparación con la butaca varía bastante pero la comodidad y el espacio entre ambos es notable. En mi caso, he seleccionado un camarote tanto para la ida como para la vuelta ya que no quería empezar ni terminar el viaje con cansancio innecesario (Aunque luego los sillones puedan ser tan cómodos como la cama del camarote).

El miércoles 17 había reservado mi plaza en el Ferry con destino a Plymouth que salía a las 20:30, así que a las 16:00 estaba saliendo de Gijón después de unas duras despedidas. Dicen que el primer y último día del viaje son los peores pero yo por ahora solo puedo probar la veracidad del primero. Sobre las 17:40 estaba entrando por el recinto para coger el ferry. Tras un primer control de identidad en una caseta, donde me dieron la tarjeta del camarote, pasé a la fila donde las motos esperan el embarque.

En mi espera en la cola tuve la tremenda suerte de coincidir con una pareja, Iñaki y Juani, que viajaban con su Triker en busca de las rutas más escondidas y con más curvas de toda Inglaterra. Un poco más tarde apareció Ramón, que venía con su BMW GS1200 desde Valencia con la que planeaba recorrer parte de Inglaterra y Escocia.

 

Grupo de españoles en el Ferry

Tras un tiempo bastante largo en la cola de embarque (el tiempo depende generalmente de lo pronto que llegues, lógicamente) tuvimos que pasar otro control de documentación. En este caso es realizado por la Policía Nacional y que es habitual en todos los trayectos internacionales, desconozco si en los nacionales también. Una vez pasado ese trámite el siguiente paso es el embarque, el cual se realiza en orden por tipo de vehículo. En nuestro caso embarcamos casi de los últimos.

Una vez con la moto a bordo es esencial coger lo necesario para pasar la noche en el barco ya que luego no te dejan bajar a la bodega. La recomendación es no bajar demasiado cargado porque si haces como yo, te verás en los estrechos pasillos del barco cargando con el petate de la moto, la bolsa del deposito, la mochila del portátil y una nevera portátil. La sensación no es del todo agradable, sobre todo cuando tienes que subir unos cuantos pisos antes de llegar al camarote y dejar todos esos bultos que no vas a usar.

El camarote del barco, a no ser que lo pidas específicamente tú ($), no tiene ventana y puede llegar a agobiar en determinadas situaciones donde el barco se mueva mucho. Como parte positiva de utilizar un camarote, está la seguridad que te da dejar todos esos bultos innecesarios que bajaste de la moto bajo llave y además poder ducharte para eliminar todo el sudor que generaste al subirlos. Una vez aseado y perfumado, puedes salir a dar una vuelta por el barco y perderte por cualquiera de sus 9 plantas.

La distribución de cada barco supongo que cambiará, así que te voy a hablar solo del Ferry en el que yo viajé. Este ferry contaba con dos restaurantes, con menús de diferente precio y variedad, una cafetería y un gran bar de dos plantas. Además contaba con sus propias salas de cine (con entrada de pago), piscina, tienda e incluso un pequeño SPA. En definitiva , un pequeño centro comercial flotante donde pasar la travesía de la forma más entretenida posible. En mi caso, para ello contaba con la buena compañía de Ramón, Juani e Iñaki y de las interesantes conversaciones que se mantuvieron durante el trayecto.

La llegada al puerto de Plymouth se retrasó aproximadamente una hora debido a las fuertes corrientes de la noche anterior y de la salida tardía del buque. Cuando nos avisaron por megafonía que el Ferry estaba acercándose a tierra tocó bajar todas las maletas de vuelta a la moto. Una vez anclado todo en la moto era necesario quitar las sujeciones que le ponen los operarios y ya estaba lista para tocar suelo Inglés. Tras un largo proceso de desembarque y pasar por el control de pasaportes Inglés, ya estábamos preparados para conducir por el lado contrario de la carretera.