Desde el primer momento en el que planifiqué este pequeño viaje tuve claro que mi objetivo era visitar Escocia e Irlanda, por lo que Inglaterra solo quedaba de paso. Es por ello que desde que desembarqué del Ferryen Plymouth me he pegado pequeñas palizas en moto para llegar a Escocia. En esta entrada te voy a hablar de mis dos primeros días en Inglaterra y del porqué devorar kilómetros no es siempre la mejor opción, bajo mi experiencia personal.

El jueves 18 toqué tierra en un Ferryque me trajo desde Santander hasta Plymouth. Como se había retrasado, llegue a puerto sobre las 19:00, hora inglesa. Ese mismo día había reservado un AirBnBen Weston-Super-Mare, un pueblo costero inglés que se encontraba a un par de horas de Plymouth dirección norte. Tras perderme un par de veces por las calles del pueblo conseguí llegar a mi destino con tan solo una hora y media de retraso con respecto a la hora de entrada que había pactado con la dueña de la casa. Ningún problema, gente muy maja y amigable. Me pegué una ducha rápida y fui a conocer el pueblo con las pocas horas de luz que me quedaban.

A la mañana siguiente el escenario había cambiado por completo, pasando de una tarde totalmente soleada a un oscuro amanecer que daría paso a un oscuro día. No pasa nada, me enfundé el traje de pollito (traje de agua) y dije adiós a los planes que había hecho la noche anterior de ver tranquilamente el pequeño pueblo con un poco más de luz. Era hora de devorar kilómetros para llegar a Escocia de una vez por todas y “empezar”el viaje.

Los primeros kilómetros sobre la moto bajo la lluvia fueron bastante alegres, el traje de agua y las botas estaban haciendo su trabajo a la perfección manteniéndome totalmente seco. El casco y los guantes lo intentaban también, pero la visera se empañaba cada poco y los guantes… los guantes no eran resistentes al agua. Tardé solo unas 50 millas en darme cuenta de que tenía que haber comprado unos guantes adecuados para la zona a la que iba a viajar, así que tocó parar y buscar una tienda para comprar unos. Debido a la lluvia, las manos me quedaron negras durante todo el día ya que el cuero debió desteñir y pasar a mi piel.

De esta bella y poca recomendable experiencia puedo sacar en claro la importancia usar el correcto equipo en la moto. Mantenerte aislado de los elementos es fundamental en términos de confort, y si tu objetivo es pasar varios días sobre la moto, hazme caso que estar cómodo encima de ella debería ser una de tus prioridades.

El resto de los kilómetros hasta alcanzar mi siguiente destino, Dumfries, fueron bastante monótonos y aburridos. Únicamente puedo destacar la increíble cultura del motor que tienen en este país, apartándose en los atascos para que vehículos más ligeros como nosotros podamos pasar fácilmente entre el tráfico.

Volviendo un poco al título de este post, bajo mi propia experiencia en este viaje y en viajes pasados donde también hice largos tramos de autopistas, centrarte en avanzar implica dejar de conocer lugares y gente en los sitios por los que pasas a 120 km/h con tu vehículo. Por lo que pude descubrir en este viaje, una de las mejores experiencias que puedes tener viajando solo en moto es relacionarte con la gente de la zona que visites. Gracias a pequeñas (o grandes) conversaciones posiblemente conocerás lugares que generalmente no están tan masificados y no suelen aparecer en las guías turísticas. Esto no se puede conseguir viajando en “piloto automático”, centrándote únicamente en devorar kilómetros.

El final de ese largo y lluvioso día me llevó a hacer noche en un pequeño hotel en Dumfries (Escocia), dando por finalizado este largo tramo pasado por agua en el que me prometí intentar nunca más devorar kilómetros.